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Cristo Orante: los monjes se sometieron a pericias psicológicas

El Monasterio del Cristo Orante se fundó en 1995 en Tupungato.

Esta semana, tanto los curas que están acusados de abuso sexual a un ex seminarista pasaron por estudios médicos en el marco del pedido de detención domiciliaria, por parte de la defensa. También el denunciante se entrevistó con psicólogos pero todavía no declaró.

Tras el cierre del Monasterio del Cristo Orante en Tupungato por una denuncia de abuso sexual contra dos de los sacerdotes que fundaron la congregación, la causa penal ha tenido pocos avances.

Según fuentes del caso, esta semana los curas Diego Jesús Roqué y Oscar Portillo imputados por delitos contra la integridad sexual contra un ex seminaristase sometieron a pericias psicológicas y a estudios médicos en el marco de la solicitud que hizo la defensa de la detención domiciliaria. Sin embargo, todavía no hay fecha para la audiencia en la que la Justicia resolverá esta petición.

Al mismo tiempo, el denunciante -identificado como “Nicolás”- también fue entrevistado por los psicólogos del Cuerpo Médico Forense, con el objetivo de determinar si no se encuentra apto para prestar declaración ante el Ministerio Público Fiscal.

Por esa razón, el joven que denunció abusos sexuales en 2009 ocurridos en Tupungato, como en la Ciudad de Mendoza, aún no ratificó su presentación.

El abogado defensor de los monjes, Eduardo De Oro explicó que se realizaron las pericias médicas y tecnológicas a fin de establecer que el lugar que se ofreció para la detención domiciliaria tenga una buena señal para que los religiosos sean monitoreados por la Justicia.

De concedérsele esta solicitud de la detención domiciliaria, los curas sospechados van a llevar una pulsera electrónica.

De las páginas de turismo a Contraventores 

Antes de que saliera a la luz la denuncia de un joven ex seminarista contra los fundadores del Monasterio del Cristo Orante, el lugar no sólo gozaba de una amplia publicidad en los sitios de viajes, sino que era muy visitado por fieles de todo el mundo que llegaban hasta el lugar para un retiro espiritual.

La imagen y la tranquilidad del monasterio se vio alterada por los allanamientos que se realizaron el 27 de diciembre, cuando los sacerdotes que eran pilares de la congregación, quedaron detenidos.

Allí se supo que el Arzobispado ya estaba realizando una investigación canónica por los presuntos hechos de abuso sexual, que hasta ahora no ha tenido conclusiones.

Monasterio del Cristo Orante en Tupungato.

Fuentes de esa entidad religiosa indicaron que aún no se resolvió qué pasará con las licencias sacerdotales de los curas Roqué y Portillo, dado que la investigación es reciente.

Precisamente en los casos de abuso sexual que sacudieron al Instituto Próvolo y que terminaron con el cierre del lugar, se les quitó estas facultades a los clérigos Nicola Corradi y Horacio Corbacho por las vejaciones contra niños y jóvenes sordomudos.

En este caso, es el propio Vaticano el que evaluando los elementos de la causa interna resuelven quitar estas facultades a los acusados.

Una defensa desde la cárcel

Mientras está pendiente la resolución de la recusación al fiscal Javier Pascua, a cargo de la Unidad Fiscal del Valle de Uco, Roqué se comunica con los feligreses y la comunidad de Tupungato a través de cartas que redacta desde la cárcel.

En esos textos no hace mención a la situación por la cual está privado de su libertad, pero sí expresa cómo transcurren los días en el centro de detención, con misas con los presos y según su relato con “altares de cartón”.

“No estén tristes. El Señor sacará bienes inmensos de toda esta prueba. Esto termina inexorablemente bien. No es una expresión de deseo, es una certeza de fe”, dijo a la comunidad religiosa de Tupungato que el domingo pasado se acercó a celebrar la misa y en el sermón se mencionó el tema que involucra a Roqué y a Portillo.

Sus palabras

Se trata de la segunda misiva del monje Diego de Jesús Roqué, quien está detenido junto a otro de los fundadores del Monasterio del Cristo Orante de Tupungato.

Mientras aguardan que se de a conocer la fecha de audiencia por el planteo de detención domiciliaria, están abocados a la oración.

La segunda carta:

“Anoche andaban todos cabizbajos. Nos habían tenido encerrados a nosotros dos y a otros cinco en un lugar muy reducido. Luego de que pasara esto, los muchachos preparaban los platos para la cena, para celebrar el año nuevo. Nos dejarían afuera hasta medianoche. Les avisamos que nos íbamos “a nuestros rezos” (es decir, a celebrar la Misa) hasta la hora de compartir la mesa. Avisé que “el que quiera, está invitado” (a la Misa). Inmediatamente un preso gritó “¡Ya mismo, pantalón largo y remera!” y allí fueron… ¿Y qué pasó? Se enteró el carcelero. “Se pudrió todo”, pensamos. Entonces el carcelero me llama aparte y susurra: “¿yo también puedo entrar?” Y esa Misa que celebramos fue una de las más sublimes vividas en los últimos 20 años. El eco nomás del calabozo de hormigón hacía que los cantos resonaran con un vigor catedralicio. Cantábamos todo. La pared abarrotada de íconos; oraciones libres que duraron largo. Todos pidieron perdón por sus errores. Les explicamos que al elevar la hostia y el cáliz debían postrarse y adorar al Dios vivo presente. Los veía de reojo: conmovedor”.

“Rezamos al final la Salve. Todos besaron la imagen de la Virgen; hasta el guardia lloraba. Tras la Misa, cenamos. Luego, con el padre Oscar nos fuimos a adorar a Dios sobre nuestro altar de cajón: allí yacía el Niño perdido y hallado en la cárcel, mudo, hermoso, con ese Rostro de Pan que paga todas las contrariedades que en su Nombre se puede padecer. El Señor los va bendiciendo. Su poder misterioso los alcanza. Y por eso estamos aquí”.

“Un carcelero y una penitenciaria -armados hasta los dientes- traían dos botellas de agua. Nos pidieron agua bendita. Ella lloraba por su madre (con cáncer terminal). Y me abrazó cuando le dije que rezaríamos por ella”.

“No estén tristes. El Señor sacará bienes inmensos de toda esta prueba. Esto termina inexorablemente bien. No es una expresión de deseo, es una certeza de fe”.

Padre Diego de Jesús

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